Cuando miro El Fuerte, el tiempo se inmortaliza, tal cual como esta foto. Los segundos se paralizan, el sonido de las olas abrazando a las rocas, permanece como una continua melodía en mi cerebro. En breve me olvido de la ciudad.

Si viviera en esta costa, este sería mi sitio favorito donde venir cuando esté triste. Me imagino ahí sentadita en las rocas, con el tiempo esperando por mi, las gotas congeladas en el aire, las gaviotas como tocadas con una barita mágica, inmóviles... la música del mar inumdando mis pensamientos y yo, llorando como una tonta.