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Terra
La Coctelera

Juego de la no verdad

Una palabra lo puede cambiar todo, todo. Decir lo que siento, siempre me ha dejado un aprendizaje. Así como cuando te toca cerrar una partida de pocker con “una pareja”, descubres que has usado cualquier artimaña solo por ganar y al final, el juego ya estaba echado, la mano más alta estaba justo al lado, gana tu contrincante con una “escalera real”… pierdes lo que has apostado, lo que has jugado, lo que has vivido… y tan fácil que hubiese sido decir “no juego”, abandonar a tiempo el orgullo o los miedo, sin embargo, te queda la reflexión, solo para ti… porque no, no lo dirás.

Dar sin esperar nada a cambio, no es lo mismo que dar sin pedir nada a cambio. Yo si espero algo a cambio, pero nunca lo pediré y no es cuestión de orgullo. Es cuestión de sentimientos. No espero de cualquier persona, yo escojo de quien esperar.

Me gusta querer porque me siento mucho mejor cuando me quieren… me gusta dar las gracias porque me enaltece cuando alguien me dice gracias… me gusta acariciar porque disfruto de las caricias… me gusta ayudar porque me he sentido confortable las veces que han ayudado… me gusta escuchar porque admiro a las personas que antes de hacer un juicio, escuchan… me gusta comprender a los demás porque soy feliz cuando se toman el tiempo para comprenderme… me gusta besar porque me apasiona que me besen… me gusta ser honesta porque mis mejores aprendizajes los he obtenido de personas honestas… me gusta decir lo que siento porque me da seguridad cuando me dicen lo que sienten por mi… me gusta dar libertad porque me siento yo misma cuando soy libre… me gusta saber que los demás son capaces de sentirse tan bien como yo… me gusta la reciprocidad de los sentimientos y esto significa que debe haber equidad en la correspondencia del uno al otro.

Me gusta dar y siempre esperar algo a cambio
Me gusta dar sin pedir nada a cambio

¡Feliz Día de la mujer!

Mi cajita musical

Me pasa a menudo que en mis momentos de fragilidad, me aíslo... mi pecho se convierte en una cajita musical abierta y mis emociones se conjugan con el viento para formar una melodía que se pierde con la nada. Me siento vulnerable y adopto como defensa la introversión.

Si intento cerrar mi cajita, se ahogan los sonidos y como si en una habitación hermética, encerrara a un tornado, todo hace ruido, todo vibra... lo que en apariencia está normal, se resquebraja por dentro y poco a poco, mi mundo interior se vuelve polvo... mi realidad es otra. Me miro en el reflejo de quienes me rodean, porque no quiero aferrarme a lo que tengo.

Mi caballero

Imaginar no es algo que se me de tan mal. Que me cuenten que Simón Bolívar - nuestro Libertador - muchas veces dejó escapar un sueño por esta ventana, en aquellos años en los que su norte era libertar a América, no tiene comparación cuando he tenido la oportunidad de, yo también encandilar mis ojos con el mismo sol que hace más de dos siglos, sigue iluminando el comedor de la que fuese su casa.
Me vestí de dama de antaño y al "toc toc" de los cascos de los cabellos - que quise escuchar - en el corredor de la hacienda, fui tejiendo mi historia... una historia para ti.

Mi caballero no era Bolívar, - sería demasiado pretenderlo - mi caballero era el humilde administrador de la hacienda de mi padre. Él sabía que lo miraba todas las tardes cuando partía, después de su jornada de trabajo. El "re" mayor se detenía en el piano... entonces, él advertía mi mirada encajada en mi mano izquierda que se apoyaba sobre mi codo en la ventana. Mi mano derecha se sostenía de las barandas, siempre atenta... y cuando la silueta se perdía entre la hojarasca, se agitaba aunque ya no me pudiera mirar.

El fuerte, un lugar donde llorar

Cuando miro El Fuerte, el tiempo se inmortaliza, tal cual como esta foto. Los segundos se paralizan, el sonido de las olas abrazando a las rocas, permanece como una continua melodía en mi cerebro. En breve me olvido de la ciudad.

Si viviera en esta costa, este sería mi sitio favorito donde venir cuando esté triste. Me imagino ahí sentadita en las rocas, con el tiempo esperando por mi, las gotas congeladas en el aire, las gaviotas como tocadas con una barita mágica, inmóviles... la música del mar inumdando mis pensamientos y yo, llorando como una tonta.

Sacrificios...

Mi trabajo tiene sus riesgos, visitar zonas rurales en un país que semanalmente reporta más muertes - por delincuencia - que un país en guerra, no es trabajo de valientes, es cuestión de vocación.

El que nada sacrifica, a nada tiene derecho... después de una jornada de trabajo, esta es la vista que nos ofrece la naturaleza. La Laguna de Suata, en la Victoria.

Ambiente marino

Me gusta mucho el ambiente marino, tal vez sea por aquello de ser pisciana, sin embargo, no soy de las que se expone indiscriminadamente al sol, será por aquello de que tengo una piel morena natural.

En este viaje disfruté más de la fragancia marina, el paisaje y por supuesto de la compañía, que del hecho en si de estar en una playa.

Claro oscuro...

Esta fotografía fue tomada por mi hermana, estábamos en casa de sus suegros y al salir al jardín, no pude evitarlo... saqué mi cámara y comenzamos a aprovechar la luz del sol. De esta fotografía me encanta el juego de sombras y luces, da el aspecto de estar recién maquillada y vestida para un sets de fotografía, ni una gota de sudor, el peinado perfecto...

... tengo problemas de sudoración, ni que corra mil millas logro sudar y el frío que hacía ese día en casa de los suegros de mi hermana, no ayudaba a mi transpiración. El objetivo de haber salido al jardín, era calentarme un poco.

Alma en pena...

El obturador de mi cámara, cierra unos segundos más tarde después de pulsar el disparador. Viajando por la autopista regional del centro, quise hacer una toma de la hacienda Santa Teresa, sus paisajes son hermosos.

Cuando descargué las imágenes, descubrí a dos guardias que antes no los vi, por un momento pensé.... ¡Bah! no creo en ánimas ni almas en penas.